Visualizando la pandemia desde la adolescencia

Gonzalo A. Saraví[1]*
Mario Quezada Obispo[2]**
Estudiantes de la EPOAN Nº1 de Ciudad Nezahualcóyotl[3]***


La pandemia por Covid-19 y las diferentes medidas que se han tomado desde inicios de 2020 han alterado de manera radical la vida cotidiana de millones de personas en el mundo. Estas afectaciones no han sido homogéneas; a medida que transcurre el tiempo, la solidaridad y humanismo sobre el que se imaginó inicialmente una nueva normalidad, se diluyen en viejas y nuevas desigualdades que fragmentan la experiencia de la pandemia. Las categorías que atraviesan dicha experiencia son múltiples: la clase social, la etnia, el lugar y país de residencia, el género, y muchas otras. Sobre muchas de estas desigualdades, especialmente aquellas de tipo socioeconómico que dividen individuos, familias, colonias, ciudades, países, escuelas, u hospitales más pobres y más ricos, se viene gestando una prolífica reflexión (Oxfam, 2021; Cepal, 2020; World Bank, 2020, Lustig et al., 2020). Pero algunas otras categorías, en intersección con la clase, permanecen menos exploradas. Los grupos de edad o, más específicamente, las diferentes etapas del curso de vida, es uno de estos casos.

El curso de vida, desde que nacemos hasta que morimos, se constituye por un conjunto de etapas socialmente construidas por las que vamos transitando; así, podemos identificar la niñez, la juventud, la adultez o la vejez entre otras (Elder, 2000; Blanco, 2011). Socialmente le atribuimos a estas etapas ciertas características, ciertas prácticas institucionales, ciertas expectativas sobre comportamientos y actividades, ciertos rangos etarios, que obviamente varían de un contexto socio-histórico a otro. Gracias a los estudios sobre curso de vida, sabemos que los eventos que ocurren en una sociedad afectan diferencialmente a sus miembros dependiendo de la etapa de la vida en que se encuentren.

Los efectos de la pandemia de Covid-19, por ejemplo, no son independientes del momento de nuestra vida en el que nos encontremos. Sin embargo, las preocupaciones se han concentrado más en algunos segmentos de la vida que en otros; especialmente en los adultos mayores, por ser un grupo de mayor riesgo frente a esta enfermedad, y en los niños, por ser un momento clave de desarrollo psico-social y de necesaria dependencia de los adultos. También los mismos adultos han sido un sector que recibe atención, principalmente en función de su carácter productivo. Pero ¿qué sucede con las y los adolescentes? No son un grupo de riesgo frente al Covid-19 y tienen toda una vida por delante, ya gozan de cierta autonomía e independencia y han dejado atrás la niñez, y tampoco se cuentan entre el segmento más productivo de la población en términos de su participación económica. Estos factores, entre otros, son responsables de su relativa invisibilización.

Para indagar y visualizar la experiencia de la pandemia en la adolescencia, invitamos a un grupo de adolescentes a investigar sobre el tema. Nos propusimos además que expresaran sus resultados a través de sus propias voces y en sus propios lenguajes juveniles. Y decidimos enfocarnos en aquellos adolescentes que representan el grueso de esta población en México: no de clases medias altas y altas, no de áreas centrales de la ciudad, no de escuelas privadas, ni tampoco de comunidades remotas. Trabajamos junto a adolescentes que están terminando su preparatoria en una escuela pública del municipio de Ciudad Nezahualcóyotl en el Estado de México, y cuyas condiciones de vida representan a cientos de miles de adolescentes de sectores populares de los grandes centros urbanos. Sus investigaciones están en marcha.[4] Aquí presentamos un primer ejercicio que forma parte de este proyecto más amplio y que consiste en una serie de fotografías tomadas por ellos mismos bajo la consigna de que significaran su experiencia de la pandemia y que fueran acompañadas por breves reflexiones de lo que esas imágenes representan para ellos y ellas.

Las fotografías que presentamos no pretenden ser “ejemplos de” experiencias, vivencias o situaciones; no pretenden ser tampoco “una memoria de” lo que vivimos; y tampoco buscan una “estética” de la pandemia. Sin embargo, aunque no haya sido la intención, es posible que el lector encuentre en esta serie fotográfica todas esas funciones (periodística, documental, artística). No obstante, las fotografías representan para nosotros la cristalización de un ejercicio performativo de los propios adolescentes: reflexionar, dialogar, fotografiar, escribir, comunicar, sentir. En efecto, el primer objetivo consistió en generar un espacio para que la pandemia pueda ser procesada y pensada, subjetivada y compartida por y entre los propios adolescentes. Las rupturas emocionales, afectivas, sociales, educativas, cotidianas, requieren un “trabajo” individual y colectivo que nos permita lidiar con ellas.

En un segundo momento, las fotografías que siguen son también plausibles de un meta-análisis: un análisis del análisis de los adolescentes. Los contextos, las expresiones, los colores, los ángulos, los objetos y las compañías significan, y las reflexiones, extensas y breves, de los propios adolescentes complementan ese proceso de significación que constituye una experiencia social (objeto por excelencia de las ciencias sociales) (Dubet, 2010). Si bien este no es el espacio para desarrollar en extenso ese análisis, nos interesa anotar algunas primeras observaciones que pueden disparar otras reflexiones y que sirven también de contexto para una lectura socio-antropológica de las mismas (Becker, 2014).

Algunas fotografías hacen referencia a los dilemas que supuso la interrupción de las clases presenciales. No parece haber sido la mejor de las experiencias; el estrés y la ansiedad, en cambio, parecen haber sido sus rasgos distintivos. Muchas tareas, tiempo excesivo frente a la pantalla, dificultades con la conexión a internet, la (no)disponibilidad de espacios apropiados o equipos adecuados, las dificultades para interactuar con profesores y compañeros, la falta de interacción directa, entre muchos otros aspectos, parecen generarles la sensación de que no han aprendido lo suficiente, que su futuro está en juego, y que ha sido su responsabilidad. La educación a distancia o virtual ha tenido un efecto individualizante en una lógica de cada quien como pueda, agudizando así las desigualdades.

Otro tema emergente hace referencia a las relaciones socio-afectivas entre pares. Varias fotos ponen en discusión los efectos de la pandemia, en particular del encierro, los cuidados y el aislamiento, sobre las relaciones de noviazgo, de amistad y entre compañeros. La corporalidad, el contacto físico, y la misma presencialidad parecen ser atributos esenciales de estas relaciones y, por lo tanto, la pandemia parece haberlas socavado profundamente. Hay cierto cuestionamiento a las redes sociales, un reconocimiento de su insuficiencia en voz de los propios nativos digitales. Y un gran temor a la pérdida de la sociabilidad entre pares; casi un duelo de la adolescencia misma como etapa de la vida. Cabe mencionar que muchos de estos chicos y chicas se hicieron compañeros, amigos y novios, en un año y medio de preparatoria presencial… y de repente, de un día para otro, dejaron de verse por un año y medio más; y la prepa se terminó. Las fotografías nos invitan a pensar sobre la centralidad de la sociabilidad en su sentido más básico y primario de estar juntos por estar juntos (Simmel, 2003).

Las relaciones con las familias o los demás integrantes del hogar también son tematizadas. Aquí aparece la dualidad entre el énfasis en la unidad familiar como último reducto disponible de apoyo y contención en esta circunstancia, por un lado, y su insuficiencia en la adolescencia, por otro. Pensemos que la adolescencia es un momento clave en el proceso de autonomía e independencia respecto a la familia, un momento clave de subjetivización, y la pandemia nos encierra y aísla precisamente con la familia. Los conflictos intrafamiliares tal vez son producto de mucha familia. Pero las familias también han sufrido pérdidas cercanas, dificultades económicas, pérdidas de empleo o trabajo extra, que agrega tensión a las relaciones intrafamiliares. Las fotos parecen expresar los dilemas entre el compromiso socio-afectivo con la familia, por un lado, y la búsqueda de individualidad y autonomía como sujeto, por otro.

Finalmente el espacio y lo recreacional. Vemos espacios abiertos que nos muestran las limitaciones de los espacios privados e íntimos. Si se mira “bien” encontramos una descripción profunda, antropológica, de las especificidades socio-culturales de “lugar” en las que ha transcurrido la pandemia. Las condiciones de encierro y aislamiento, las posibilidades del confinamiento están profundamente atravesadas por las desigualdades de clase. Nuevamente, la adolescencia parece extrañar la posibilidad de la privacidad, de salirse de la mirada adulta, para lo cual, y para ciertos sectores, el espacio público es fundamental. La identidad, la estética, la moda y los estilos juveniles, la corporalidad se construyen y reconocen entre pares, en espacios de interacción presencial propios, con miradas, palabras y contactos directos que los dotan de un sentido de lugar y de uno mismo.

Todas estas dimensiones, y muchísimas otras que el lector podrá descubrir o intuir, nos advierten sobre las repercusiones sociales y emocionales de la pandemia en la vida de los y las adolescentes. También nos sugieren que no son las mismas para todos sino que esas repercusiones difieren en concordancia con las desigualdades que atraviesan nuestra sociedad. Finalmente, esta visualización nos invita a desplazar por un momento una mirada adulto-céntrica de la pandemia, y plantearnos los costos, dilemas, y resistencias desde la adolescencia. Asumir una mirada descentrada de sí mismo, desde la otredad, es un paso necesario para generar esa solidaridad en algún momento anhelada y nos confirma que para regresar a una nueva normalidad primero debemos procesar lo que vivimos individual, colectiva y socialmente.

Foto 1

“El amor en tiempos de pandemia.” Equipo KN95: Evelyn Ángeles Martínez, Andrea J. Cortes Baylón, Esperanza G. Gonzáles González, Ulises I. Luevano Morales, Marcos E. Quezada Salinas, Jorge E. Romero Chávez, Sandra C. Vargas Trejo.


Foto 2

“Ante esta adversidad ajetreada, fingimos estar bien. Un año sin tener una vida normal, la educación remplazada por tecnología. La necesidad de tener un contacto físico se vuelve fuerte. Y los recuerdos de las charlas con amigos se tornan amargas. Sin tiempo para preguntar si esto es sano, si esto es normal.” Equipo Investigadoras: Berenice Cancino Álvarez, Jackeline Martínez Cervantes, Karla M. Morales Rosales, Fernanda M. Pérez Barranco, Romina J. Robles Ayala.


Foto 3

“Muchos han de decir, están en la gloria estudiando desde casa, y no es así; es estresante tener varias tareas, estar en clase anotando, realizando proyectos… incluso nos llega a doler la cabeza y a arder los ojos. La falla continua del internet que algunos maestros comprenden y otros no, y no es culpa de nosotros, hacemos el mayor esfuerzo posible por entregar tareas y poner atención ya que nos preocupa nuestro futuro.” Equipo Legends: Saúl Cisneros Peralta, Dana H. Filio Pérez, Luis A. García Noriega, José A. Martínez Zarate, Hiromi G. Mesa Sesmas, Jason H. Pintor Alvarado.


Foto 4

“El apoyo de mi mamá es una forma muy importante de demostrar cariño, esto refuerza mi lazo con ella y me hace sentir más segura en esta pandemia.” Equipo Panitas: Naomi A. Capistrano Gómez, Miriam J. González Santiago, Betbirahi Macías Velázquez, Jesabel Zamora Pérez.


Foto 5

“La reapertura de espacios deportivos ha influido y nos ha ayudado a mejorar el estado de ánimo y los sentimientos durante la pandemia, es algo que nos gusta y mantiene activos.” Equipo PsicoCovid: Sayuri L. Ortega Vázquez, Dulce S. Santos Domínguez, Kenya M. Serdán Sánchez.


Foto 6

“Trato de entender ¿cómo fue que paso? ¿cuándo fue la última vez que los volví a ver? ¿cómo es que de un momento a otro todo esto cambió? Todo esto y mucho más… con el miedo de nunca volverlos a ver.” Equipo Ohana: Diego de la Rosa Merino, Ibrahim Ramírez Iriarte, Jania Rivera Galicia, Rey B. Sánchez Lira.


Foto 7

“Para mi es un dolor profundo la ausencia, el vacío y sobre todo los recuerdos que deja la persona que ya no está con nosotros.” Equipo PsicoCovid: Sayuri L. Ortega Vázquez, Dulce S. Santos Domínguez, Kenya M. Serdán Sánchez.


Foto 8

“A pesar de las circunstancias nos encontramos unidos.” Equipo Mocedad: Héctor Cristales Cruz, Dulce C. García Mendiola, Natalia López Sánchez, Angélica Manjarrez Rosales, Gustavo Mendoza Posadas, Mauricio Ortega Hernández.


Foto 9

“En varias ocasiones hemos escuchado que compañeros faltan por problemas familiares. La mayoría está pasando por momentos de ansiedad e incluso depresión. No estamos tan acostumbrados a pasar tanto tiempo juntos, todos teníamos una rutina de que papá salía a trabajar o mamá, mientras estábamos en la escuela, entonces ha sido un choque entre todos que algunos ya no soportan tanto el encierro, por lo cual pasan por la etapa de enojo y se desquitan con los demás.” Equipo Legends: Saúl Cisneros Peralta, Dana H. Filio Pérez, Luis A. García Noriega, José A. Martínez Zarate, Hiromi G. Mesa Sesmas, Jason H. Pintor Alvarado.


Foto 10

“Durante la pandemia contamos con apoyo de la familia, pero no forzosamente de una persona, a veces la compañía puede ser de un amigo de cuatro patas, al que consideramos parte de la familia.” Equipo Panitas: Naomi A. Capistrano Gómez, Miriam J. González Santiago, Betbirahi Macías Velázquez, Jesabel Zamora Pérez.


Foto 11

“Ocultando rostros impactando modas.” Equipo KN95: Evelyn Ángeles Martínez, Andrea J. Cortes Baylón, Esperanza G. Gonzáles González, Ulises I. Luevano Morales, Marcos E. Quezada Salinas, Jorge E. Romero Chávez, Sandra C. Vargas Trejo.


Foto 12

“Un momento a tu lado puede hacerme olvidar la distancia, el caos que hay fuera de mi hogar, olvidar que lo que está pasando me ha llenado de estrés, ansiedad, soledad y depresión. Eres esa pequeña parte de mi vida que me hace recordar lo que es ser feliz” Equipo Ohana: Diego de la Rosa Merino, Ibrahim Ramírez Iriarte, Jania Rivera Galicia, Rey B. Sánchez Lira.


Foto 13

“No todo es El Ángel” Fragmento de Nececiudad, Su Mercé. Equipo KN95: Evelyn Ángeles Martínez, Andrea J. Cortes Baylón, Esperanza G. Gonzáles González, Ulises I. Luevano Morales, Marcos E. Quezada Salinas, Jorge E. Romero Chávez, Sandra C. Vargas Trejo.


Bibliografía

Becker, H. (2014), Para hablar de la sociedad: la sociología no basta, Buenos Aires, Siglo XXI.

Blanco, M. (2011), “El origen del curso de vida: orígenes y desarrollo”, en Revista Latinoamericana de Población, vol. 5, núm. 8, pp. 5-31.

Cepal (2020), El Impacto del Covid-19 en América Latina y el Caribe, Santiago de Chile, Cepal.

Dubet, F. (2010), Sociología de la experiencia, Madrid, CIS.

Elder, Glen H. (2000). “The life course”, en E. Borgatta y R. Montgomery (eds.), Encyclopedia of Sociology, Nueva York, MacMillan Reference.

Lustig, N. Martínez-Pabón, V., Sanz F. y Younger S. D. (2020), “The Impact of COVID-19 Lockdown and Expanded Social Assistance on Inequality, Poverty and Movility in Argentina, Brasil, Colombia and Mexico”, en CEQ Working Paper 92, CEQ Institute, Tulane University.

Oxfam (2021), The Inequality Virus, Oxford, Reino Unido, Oxfam International.

Simmel, G. (2003), Cuestiones fundamentals de sociología, Barcelona, Gedisa.

World Bank (2020), “The Impact of COVID-19 on Global Poverty under Worsening Growth and Inequality, en https://blogs.worldbank.org/opendata/impact-covid-19-global-poverty-under-worsening-growth-and-inequality. Consultado 29 de marzo de 2021

  1. * Profesor-Investigador del CIESAS, Ciudad de México.

  2. ** Profesor de Educación Media Superior y Superior.

  3. *** Alumnas y alumnos del 6to semestre de la Escuela Preparatoria Oficial Anexa a la Normal Nº 1 de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México.

  4. El proyecto al que nos referimos se titula “Adolescentes y Pandemia en México” y es coordinado por Gonzalo A. Saraví y Mario Quezada Obispo. Se trata de un proyecto de “investigación participativa” en el que estudiantes de 6to semestre de preparatoria, alumnos del profesor Mario Quezada, organizados en equipos, desarrollan una investigación sobre la experiencia de la pandemia en la adolescencia. Para ello son capacitados en las distintas etapas de una investigación en ciencias sociales y luego aplican lo aprendido. El proyecto consta de tres etapas: definición del problema y preguntas de investigación, selección y aplicación de las técnicas de investigación, análisis y elaboración de un producto audiovisual con sus resultados. Actualmente el proyecto está en la segunda etapa y algunos de los temas elegidos han sido: Sentimientos, emociones y estados de ánimo de los adolescentes durante la pandemia; Adolescentes y la vida social durante la pandemia; Adolescentes y las relaciones con la familia durante la pandemia; La experiencia de los adolescentes con las clases no presenciales. El proyecto se propone visualizar la experiencia de la pandemia y el confinamiento en la adolescencia, y al mismo tiempo ser un espacio de reflexión y procesamiento colectivo que les permita a las y los adolescentes elaborar lo vivido social y subjetivamente en esta etapa de sus vidas.

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