Testimonios de adolescentes torturados

Elena Azaola[1] CIESAS Ciudad de México


Fotografía tomada de internet


En 2017 concluí una investigación que recientemente ha sido publicada bajo el título Nuestros niños sicarios.[2] Dicha investigación se basó en 730 entrevistas realizadas a adolescentes privados de la libertad por haber cometido delitos violentos en 17 estados de la República. Muchos de los testimonios recogidos en aquella investigación no pudieron incluirse de manera íntegra en la publicación. Es el caso de los cientos de relatos sobre tortura que los adolescentes compartieron con quienes los entrevistamos y que ahora transcribo porque me parece importante no dejarlos en el olvido, sobre todo porque interpelan a los cuerpos de seguridad del Estado mexicano que han terminado por normalizar estas prácticas dando por descontado que no serán sancionados y que, además, cuentan con la indiferencia y la tolerancia por parte de la sociedad.

Inicio colocando unos cuantos datos que nos permiten saber en qué lugar se encuentra nuestro país comparado con otros en cuanto a su nivel de seguridad y apego a la legalidad.

Niveles de conflicto interno

El Global Peace Index Report mide el grado de militarización y de extensión de los conflictos nacionales e internacionales que vive cada Estado. En 2015 México se ubicó en la posición 144 de 162, por debajo de Filipinas (141), Venezuela (142) e India (143) y apenas por encima de Líbano (145) y Colombia (146).[3]

Desempeño Policial

En el World Internal Security and Police Index, de 2016, que evalúa a 127 países, México aparece en el lugar 125, junto con Kenia (123), Nigeria (124), República Dominicana (126) y Pakistán (127), con el peor desempeño en cuanto a la capacidad de reacción policíaca.[4]

Respeto a la legalidad y corrupción

El Rule of Law Index de 2015, que publica el World Justice Project, mide los niveles de apego y respeto a la ley, así como de corrupción en 102 países. Mientras que Dinamarca ocupa el primer lugar y Venezuela el último, México se encuentra en el lugar 79, con niveles similares a los de Costa de Marfil, Burkina Faso, Honduras y Guatemala.[5]

Casos de tortura sancionados

Sólo 8 expedientes por tortura contra militares han sido judicializados en la última década y únicamente 5 militares recibieron alguna condena. Ello a pesar de que la Secretaría de la Defensa Nacional es la institución más señalada en la Fiscalía Especial en Investigación del Delito de Tortura que tiene 4 655 denuncias entre 2015 y 2019.[6]

Testimonios de adolescentes torturados

A continuación, transcribo textualmente los testimonios de adolescentes de entre 14 y 17 años que tuve la oportunidad de entrevistar en 2016 mientras se encontraban privados de su libertad en centros de internamiento para adolescentes en conflicto con la ley de alguno de los 17 estados que abarcó nuestro estudio. Las y los adolescentes entrevistados refirieron haber sido torturados por distintos cuerpos de seguridad estatales o federales al momento de ser detenidos.[7]

Un chico de Veracruz, que fue detenido por la Policía Ministerial, dijo: “Me dieron golpes normales en el cuerpo y un golpe más fuerte. También me dieron toques con la chicharra y cachazos con sus pistolas”.

Otro más de Veracruz, señaló: “Me detuvo la Policía Ministerial, me torturaron con agua y me pusieron una bolsa en la cabeza para que me ahogara. También me dieron toques con una chicharra de esas que utilizan para las vacas. Estuvieron cinco días torturándome”.

Otro chico de Veracruz dijo: “Me detuvo la Estatal, me ponían las chicharras y me golpeaban y no les importaba que yo estaba herido, llevaba dos balazos y ya después tuve que estar dos meses en el hospital”.

Otro chico de Veracruz, también detenido por la Policía Estatal, dijo: “Me electrocutaban con agua a pesar de que yo estaba herido y esposado. Duré así una semana y me tuvieron vendado sin ver la luz durante dos semanas”.

Otro chico más, de Veracruz, a quien detuvo la Policía Ministerial, dijo: “Me sacaron de mi casa a patadas, sin orden de aprehensión; me tuvieron dos días golpeando y sin darme de comer”.

Otro más de Veracruz, detenido por Marinos, dijo: “Me golpearon mucho, me enterraron una navaja en la espalda, nos pisoteaban, nos echaban Tehuacán en la nariz. Luego nos llevaron a Veracruz y nos dieron toques con la chicharra eléctrica durante cinco días y nos hicieron firmar declaraciones falsas que no hicimos”.

Otro más de Veracruz, que fue detenido por el Ejército, dijo: “Me torturaron con golpes, me asfixiaban con bolsas de agua, me dieron chicharrazos y tablazos; estuvimos así 12 horas. Lo único que les importaba era que les diera el dinero del secuestro, lo demás no les importaba”.

Otro chico de Veracruz, a quien detuvieron los Marinos, dijo: “Me torturaron, me aplicaron la bolsa, me echaron agua, me aventaron al río amarrado de pies y manos y me jalaban con una cuerda, me dieron chicharrazos, me pegaron con la pistola en la cabeza y me descalabraron”.

Un chico de la etnia mije, de Oaxaca, señaló: “Me trajeron acá y me venían pegando todo el camino, aunque yo estaba herido. Ellos venían tomados y, hasta que llegué aquí, ya me dejaron de pegar”.

Un chico zapoteca, de Oaxaca, dijo: “La Policía Federal me torturó con bolsa en mi cabeza, me golpearon, me amarraron y me echaron de cinturonazos; duraron así como cuatro horas”.

Otro chico de Oaxaca explica: “Me detuvieron los marinos, me dieron golpes y toques eléctricos durante dos días, luego me tuvieron arraigado 30 días para investigación en una casa de seguridad de los marinos”.

Un chico de Chihuahua dice: “Cuando me detuvo la Policía Ministerial, me golpearon, me abrieron mi ceja, la nariz, el labio…”.

Otro chico de Chihuahua, que fue detenido por la Policía Estatal, dice: “Me dieron puñetazos, cachetadas y pisotones en la cara durante una hora”.

Un chico indígena, del estado de Puebla, dice: “Me detuvieron y me llevaron a la Procuraduría, ahí me pusieron agua, toques eléctricos, bolsa en la cabeza y me patearon las costillas; todavía sigo lastimado”.

Otro chico de Puebla relata:

La policía me detuvo y me golpeó todo el camino hasta llegar a la Presidencia Municipal. Llegando a la Presidencia, me esposaron, me hicieron que me hincara y me pegaron patadas, culatazos y golpes. Cuando me llevaron al Ministerio Público, me taparon la cara y me volvieron a pegar. Por el hecho de estar acusado de homicidio, me decían que si me sentía muy verga para andar matando…

Un chico de Puebla relata:

Me detuvo la Policía Federal en un operativo. Me vendaron y comenzaron a golpearme, me hincaron sobre un palo de escoba y me pisaban, me pusieron una bolsa en la cabeza y la chicharra en la espalda. Me desviaron la nariz. Me presentaron al Ministerio Púbico hasta cuatro días después, aunque en el expediente pusieron que fue el mismo día.

Un chico que fue detenido en el estado de Puebla por secuestro relató:

Me llevaron a una agencia de delitos de alto impacto, me desvistieron, me amarraron, me mojaron, me pusieron bolsas en la cara, me ahogaron, me dejaban desvestido y mojado por cinco horas, me dieron golpes en las costillas y toques. Cuando me torturaban, yo tenía que decir lo que ellos quisieran o me pegaban más.

Otro chico, que fue detenido en el estado de Puebla, relató:

Nos golpearon a todos, nos llevaron vendados y esposados y, durante dos días, nos estuvieron pegando. Me agarraron los ministeriales y ellos hicieron las declaraciones y nos hicieron firmar todo lo que ellos pusieron y nunca me dejaron declarar, y aunque dije que yo no había dicho nada de eso, no me creyeron y la juez dijo que no me daba más sentencia porque no había más. Yo no pude ver a mi mamá hasta que me sentenciaron, estuve dos meses sin que me comunicaran y mi mamá ya había pensado lo peor porque me había buscado en hospitales, en todas partes y no sabía nada de mí.

Un chico, que se encuentra detenido en Yucatán, dice: “La policía me dio toques y golpes; en el Ministerio Público me dieron comida podrida, me trataban a gritos. En el centro de internamiento, lo que menos me gusta, son los castigos, te encierran en tu cuarto durante seis meses”.

Una adolescente de Jalisco relató:

La municipal me entregó a los ministeriales. Éstos me taparon la cabeza para comenzar a pegarme, después me pusieron una bolsa en la cabeza para ahogarme, me tiraban el pelo hasta casi sacármelo y me amenazaban que me iban a violar. Ellos querían información de mi pareja, pero me negué, solamente acepté que medio vivía con él y que era el padre de mi hija.

Otro adolescente de Jalisco contó:

La Policía Ministerial, desde mi detención, comenzaron a pegarme, pero en la Delegación fue peor. Me quitaron la ropa y comenzaron a darme toques con electricidad, patadas en cualquier momento, bolsa en la cabeza, respirar con la bolsa en la cabeza, pero le ponían chile piquín, también me metían mi cabeza en un bote con agua. Al final, intentaron cortarme los dedos de las manos y me metían una punta debajo de la oreja que me provoca dolor hasta perder el conocimiento, me tiraban agua para despertar y me seguían golpeando. Las sesiones se repitieron por diez días. Después tuve que estar un mes en el hospital en recuperación

Otro adolescente de Jalisco señaló:

Me dieron toques eléctricos, me pusieron bolsa en la cabeza para ahogarme y me amenazaban que me iban a violar. Después hicieron la faramalla que me iban a matar, aunque confesé y firmé todo lo que me dijeron, me seguían torturando. Yo le expliqué todo esto al juez, pero me ignoró y me dio una sentencia larga.

Otro chico de Guadalajara dijo:

Me sentaron amarrando las manos a la silla, me pusieron la bolsa para ahogarme, después me enterraron un clavo en la uña de los pies y con una tabla la hundieron hasta sacarme la uña. Después me taparon la boca con un trapo y echaban el agua que me hacía desmallar. Me llevaron al lugar para reconocer el sitio y buscar el arma que había utilizado, pero no la encontramos.

Un adolescente de Fresnillo, Zacatecas, describió que cuando lo detuvo la Marina,

Me llevaron a sus instalaciones. Estando ahí, me colgaron de los brazos, me tiraban agua y me daban toques eléctricos, golpes en todas partes, bolsa en la cabeza para ahogarme y después a la bolsa le metían gas de chile piquín y me la volvían a poner, pero me pegaban en el estómago para que respirara todo el gas y me metían la cabeza en un bote con agua. Me torturaban por horas, llegó un momento que no sabía si estaba muerto o vivo.

Una adolescente de Zacatecas describió las torturas a las que fue sometida. Ella dijo:

Cuando me agarraron en la casa, la policía me pegaba con la cacha de la pistola, me ponían la rodilla en la espalda, tiraban el pelo y después me tiraron a la camioneta. En la camioneta, me pegaban patadas en el estómago, porque mi novio le dijo que estaba embaraza. Me llevaron a la Ministerial y ahí adentro me dieron más golpes y tirones de pelo las mujeres ministeriales y cada vez que llegaba una nueva ministerial o pasaba por ahí, me repetía los golpes.

Un adolescente de Gómez Palacio, Durango, describió las torturas que recibió. Señaló que lo subieron a una camioneta en la que «Me llevaron detenido, ahí mismo me esposaron con las manos atrás y comenzaron a pegarme y aplicaron la chicharra en los testículos y pene. No me preguntaban nada, solamente se reían cuando gritaba de dolor. Me bajaron y me entregaron al Ministerio Público.»

Un adolescente de Durango contó que le pegaban con un palo en las nalgas.

Después me sentaron y pusieron la chicharra, bolsa en la cabeza para ahogarme que llenaban de gas de chile piquín y me la volvían a poner, me daban golpes en el estómago para que respirara ese gas que me asfixiaba. Demoraron un día en presentarme, después me trajeron al centro, pero a los días volvieron por mí para llevarme a la ministerial y durante dos o tres días me volvieron a torturar.

Una adolescente de Gómez Palacio, Durango, describió las torturas a las que fue sometida.

La ministerial me detuvo en mi casa, ahí comenzaron a golpearme, después me trasladaron a los separos. En ese lugar, me colgaron para darme toques eléctricos en los pies, después me tiraban agua fría y terminaban pegándome con una tabla en todo el cuerpo. Lo repetían cada cierto tiempo. Me tuvieron dos días y me trasladaron con los militares. Llegué al Cuartel Militar de Gómez Palacio y ahí me volvieron hacer los mismo […] También me amenazaban que me iban a violar, incluso me decían que me daban el privilegio de elegir al que me iba a penetrar primero […] Luego me tuvieron que trasladar de inmediato al hospital porque, como producto de las torturas, perdí a mi bebé; tenía dos meses y medio de embarazo.

Una adolescente de Hermosillo, Sonora, comentó que al momento de su detención fue torturada. Describió lo siguiente:

Me golpeaban, me colgaron de los pies y ponían la bolsa en la cabeza, me desmayé en varias ocasiones. Fueron los del Ejército los que hicieron todo. Después me entregaron a Policía Estatal, ellos me vendaron y golpeaban en las costillas. Estuve cuatro días detenida antes de llegar con el Ministerio Público. El Ministerio Público me pegaba cachetadas a cada momento y me mandó al CERESO. Después de una semana ya me trajeron al centro para adolescentes.

Un adolescente de Caborca, Sonora, comenta que la Policía de Investigación lo mantuvo cuatro días en la delegación:

Desde que llegué, me comenzaron a pegar, después me pusieron unos ganchos en el pecho amarrado a la puerta, al cerrar jalaban y duele mucho; con los mismos ganchos daban toques con la chicharra. A cada rato me pegaban con una tabla en la espalda. También me pusieron chile piquín en gas en los ojos y nariz. Lo de la bolsa en la cabeza lo hacían entremedio de cada cosa que me hacían, era por ratos. Me agarró el Ejército, pero luego me entregó a la Policía de Investigación del Estado…

Un adolescente de Hermosillo, Sonora, señaló:

Fueron a la casa por mí y me llevaron a la Policía de Investigación, llegando ahí, comenzaron a pegarme entre varios policías, después me pusieron la bolsa en la cabeza y, al mismo tiempo, me pegaban en puñetazos en el estómago que me hacían perder el conocimiento. Me tiraban agua para despertarme. Estuve así por tres días. La policía me obligó a firmar tres declaraciones antes de presentarme con el Ministerio Público. Le dije al juez todo esto, pero no me hizo caso.

Un adolescente Tlalnepantla, Estado de México, contó que durante su detención “La policía me pegó en todo el cuerpo, me quebraron el pie y me dieron toques eléctricos, todo eso fue en una casa de seguridad. Después de quebrarme el pie no recibí atención médica, por eso no puedo hacer deportes, estoy en tratamiento”.

Un adolescente de Cárdenas, Tabasco, relató que lo detuvo la Policía Ministerial y lo llevaron a la delegación en donde lo golpearon, le pusieron una bolsa en la cabeza que le causaba asfixia, lo arrastraban de los pelos y lo desnudaron para darle tablazos en las nalgas. Estuvo detenido 15 días antes de ser presentado al Ministerio Público.

Un adolescente de Huimanguillo, Tabasco, contó que escapó a Chiapas para evadir a la policía, pero, a su regreso, “Me detuvo la policía, pero me torturó para ponerme más delitos. La policía me esposó con las manos atrás para después darme toques eléctricos y ponerme una bolsa en la cabeza, pero la llenaron de chile piquín para que me ahogara.”

Otro adolescente de Cunduacán, Tabasco, relata que fue detenido por la Policía Estatal y después entregado a la Policía Ministerial local, éstos últimos “Me torturaron poniéndome una bolsa en la cabeza, metían mi cabeza en un bote de agua, pero con una bolsa en la cabeza que me provocaba desmayos en cinco ocasiones, también me pusieron la pistola en la boca y amenazaban con matarme…”

Un adolescente de Tijuana, Baja California, contó que fue detenido por la Gendarmería tras acusarlo de asesinar a su padre, después, fue entregado a la Policía Municipal y finalmente a los Policías Ministeriales. En las instalaciones de la Policía Ministerial lo sentaron esposado con las manos atrás para interrogarlo a golpes, “Después me pusieron la bolsa en la cabeza para ahogarme, siguieron los toques eléctricos y me caí de la silla, en el suelo comenzaron a patearme y, aunque acepté que lo había matado, siguieron pegándome”.

Otro adolescente de Tijuana, Baja California, señaló:

Me detuvieron en una casa de seguridad donde teníamos a los secuestrados, ahí mismo me patearon, después me pusieron la bolsa en la cabeza, la chicharra y nos ahogaban en el agua a uno por uno de los que nos detuvieron. Me desmayé varias veces. Nos golpearon por seis días, nos traían vuelta y vuelta. Me entregaron oficialmente hasta el sexto día.

Un adolescente de Sinaloa, pero internado en Tijuana, comentó:

Los ministeriales me entregaron a los militares. Los militares me torturaron cuatro días junto con otros dos que me acompañaban el día de las ejecuciones. Me dieron toques eléctricos en los pies, se subían a mi estómago y echaban agua por la boca que me ahogaba, me tapaban la cara con una toalla y echaban agua para que me asfixiara y me daban golpes y más golpes. Llegaron los de la SEIDO para interrogarme y también me torturaron; ellos me cambiaron el nombre y la edad para mandarme al CERESO.

Otro chico de Tijuana dice:

Los ministeriales tienen la costumbre de llevarte al monte para torturarte; primero te presentan con el Ministerio Público y después te llevan. Cuando me detuvieron, no pude avisar a mi familia, estuve tres meses sin ver a mi familia, ellos pensaban que ya me había muerto hasta que pude llamar a un amigo para que les avisara…

Otro chico, interno en Tijuana, dice:

Los estatales me patearon en la cara y en el cuerpo, por eso ya no veo bien. También me pusieron una bolsa en la cabeza y me ahogaban, me estuvieron torturando durante una semana, aunque no pusieron en el expediente que tardaron una semana en presentarme al Ministerio Público. Luego me obligaron a firmar y no entiendo lo que firmé.

Hasta aquí los testimonios de las y los adolescentes.

Para concluir, es importante destacar que los testimonios no dejan lugar a dudas de que la tortura es una práctica sistemática y generalizada que utilizan en nuestro país todas las fuerzas de seguridad, tanto las locales como las estatales y federales. Si en todos los casos resulta inaceptable, dice mucho de nuestras fuerzas de seguridad el que se aplique de manera tan cruel y cotidiana en contra de menores de edad. Habría que recordar lo que el Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura señaló en su Informe de 2014 tras la visita a nuestro país: “toques eléctricos, asfixia, violaciones tumultuarias y presión psicológica son instrumentos cotidianos de las autoridades para obtener confesiones o para intimidar a periodistas o activistas sociales”.[8] Y agregó que, uno de los elementos que agrava la persistencia de la tortura, es que generalmente queda impune ya que por lo regular quienes la cometen pertenecen a la misma institución que está a cargo de investigarla e iniciar los procedimientos. De ahí que el Relator concluyera que la tortura se ejerce en México de manera generalizada, lo que fue rechazado de manera contundente por el gobierno de nuestro país que, desde entonces, no ha autorizado una nueva visita por parte de esta Relatoría.

  1. Antropóloga y psicoanalista, investigadora del CIESAS.
  2. Azaola, Elena (2020), Nuestros niños sicarios, Ciudad de México, Fontamara, También sobre el tema puede consultarse: Roberson, Cliff y Elena Azaola (2020), Juvenile Delinquency: Why Do Youth Commit Crime? Nueva York, Routledge.
  3. Global Peace Index 2016 – World | ReliefWeb
  4. World Internal Security and Police Index 2016 | Crime Prevention News | 12th April 2016 | The Crime Prevention Website
  5. https://worldjusticeproject.org/our-work/publications/rule-law-index-reports/wjp-rule-law-index-2015-report
  6. Alberto Pradilla (2021), “Menos del 1% de los casos por tortura y desaparición contra el Ejército llegó a un juez entre 2015 y 2019”, en Animal Político, 13 de enero.
  7. Aunque los testimonios que se citan a continuación hablan por sí mismos, quien se interese por conocer más acerca de las y los adolescentes que dijeron haber sido torturados, podrá acudir al estudio que citamos en la nota inicial de este texto donde encontrará numerosas historias de vida que dan cuenta, no sólo de las circunstancias y los delitos por los que fueron detenidos, sino también de los entornos familiares y sociales capaces de producir dichas historias.
  8. Informe del Relator Especial sobre la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes, Juan E. Méndez, ONU, Asamblea General, A/HRC/28/68/Add.3
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